Más de 200 investigadores, cinco áreas del conocimiento: así fue el III Encuentro de Investigadores de la RIU

Pensemos en cuántas veces una investigación se detiene no por falta de rigor, sino por falta de una segunda mirada: el dato que otro ya tiene, la metodología que alguien más probó, la pregunta que se ve distinta desde otra disciplina. Durante tres días, más de 200 investigadores de la RIU tuvieron esa segunda mirada al alcance.

Del 27 al 29 de mayo de 2026, la Universidad Anáhuac Mayab, en Mérida, Yucatán, fue sede oficial del III Encuentro de Investigadores de la RIU, que reunió a académicos de las universidades del Regnum Christi y de instituciones invitadas para compartir avances y promover una investigación interdisciplinaria con sentido humano y ético.

La agenda comenzó con dos días de reuniones estratégicas previas, de las que salieron dos de las decisiones más relevantes del año para la Red: la aprobación de marcos normativos sobre inteligencia artificial y el avance de la plataforma PURE. En paralelo, los responsables de los centros de bioética sostuvieron su primer encuentro y definieron una agenda común.

El congreso general estructuró sus presentaciones en cinco áreas temáticas: Ciencias Exactas y Tecnología, Economía y Negocios, Humanidades y Artes, Persona y Sociedad, y Salud Integral y Bienestar. Las contribuciones aceptadas quedaron reunidas en el libro de resúmenes del Encuentro, disponible en versión digital.

La inauguración corrió a cargo de Patrick Crisfulla, vicepresidente de Pure/Interfolio en Elsevier. Al día siguiente, Jorge López González, decano de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria, presentó la conferencia magistral “Hallazgos de investigación educativa con Razón Abierta”. La última jornada se dedicó a las preguntas de fondo, en cuatro paneles magistrales sobre inteligencia artificial, bioética, desarrollo social y económico, y la proyección de la investigación en la Red.

El trabajo, sin embargo, no ocurrió solo en las salas de exposición. Entre una ponencia y otra, los investigadores entablaron redes de contacto y proyectaron colaboraciones con colegas de toda la Red. No fue casualidad: la agenda reservó tiempo explícito para ello, con sesiones de colaboración distribuidas a lo largo de los tres días.

Ese fue, quizá, el verdadero resultado del encuentro: no un conjunto de conclusiones, sino de conexiones. Con esta tercera edición, la RIU reafirma un modelo de investigación que trasciende fronteras y confirma que un proyecto no llega más lejos por ser más grande, sino por ser mirado desde más ángulos.